MEXICALI,
octubre de 2019 (Especial/únicoBC).- El
acompañamiento de padres y/o tutores durante la pubertad y adolescencia es
fundamental para que los jóvenes tengan un sano desarrollo, y para evitar que
padezcan trastornos de percepción, como la dismorfia corporal.
Se
trata de una alteración de tipo somático, cuyos principales síntomas son los
pensamientos obsesivos acerca de la apariencia e imagen corporal propia, con
tendencia a maximizar, e incluso a percibir, defectos que a la vista de las
demás personas son imperceptibles o inexistentes.
En
casos extremos, quienes lo padecen recurren a extenuantes e insanas rutinas de
ejercicio, se someten a dietas rigurosas e incluso, a procedimientos estéticos
con los que buscan corregir las características físicas que les incomodan.
También es posible que los afectados se avergüencen y se preocupen de su
apariencia, al grado de evitar situaciones sociales.
“Este
tema no es nuevo, pero se ha hecho mucho más evidente por las nuevas
tecnologías y el uso de las redes sociales. En este mundo donde todos nos ven, todos
nos juzgan y hacemos lo mismo, la imagen se ha convertido en un referente de
validación y de aceptación social; hemos cambiado la ética por la estética”,
describió el Dr. Josman Espinosa Gómez, docente de tiempo completo en la
escuela de psicología de CETYS.
Recordó
que los estereotipos de apariencia que el mundo virtual dicta están dentro de
rangos que no todas las personas pueden alcanzar, produciendo el rechazo hacia
sí mismos y como consecuencia, el padecimiento de la dismorfia corporal.
¿Cómo
detectarla?
La
dismorfia corporal puede tener su origen en otros trastornos de salud,
particularmente los de tipo alimenticio. Si no se detecta a tiempo, como todo
padecimiento, puede derivar en consecuencias graves e irreversibles para la
persona afectada.
“Cuando
todo el mundo me dice, incluso con base en datos médicos, que luzco bien, que
estoy sano, y sigo comparándome con los demás y sin estar de acuerdo con la
imagen que mi cuerpo proyecta, podemos decir que padezco dismorfia corporal”,
detalló el especialista.
Necesitar
validación de los demás acerca de la imagen propia, suspender actividades
básicas como alimentación, sueño, trabajo o escuela, buscar constantemente
espejos y tomarse fotografías, así como invertir mucho tiempo en compartir contenido
en redes sociales y presentar frustración si no hay respuesta positiva, son
síntomas de dismorfia corporal.
“Te
dedicas a buscar verte bien, pero, eres el único que piensa que no se ve bien”.
¿Cómo
tratarla?
La
sobreprotección en la que viven las nuevas generaciones y su poca tolerancia a
la frustración, son factores que dificultan la detección y el tratamiento de
este trastorno, indicó el Dr. Espinosa Gómez.
Desde
la crianza temprana, y principalmente prestando la atención que una persona en
desarrollo requiere, los padres, tutores y familiares de los jóvenes pueden
evitar que presenten dismorfia corporal.
Cuando
el joven no está de acuerdo consigo mismo, no se gusta ni se acepta, puede
iniciar un proceso de autodestrucción inconsciente. Por eso es importante
prevenir, y, ante todo, buscar ayuda profesional ante la mínima sospecha de que
está presentando dismorfia corporal o cualquier otro padecimiento.
“Recordemos
que de la infancia a la adolescencia se están generando identidades, sentidos
de pertenencia, adscripciones a grupos y en esos procesos empezamos a
validarnos y podríamos decir que es en la juventud cuando más necesitamos
orientación, porque nos enfrentamos al mundo real”.
Tanto
las redes sociales como los estereotipos y los hábitos de consumo tienden a
deshumanizar a las personas, cosificándolos y facilitando que su confusión los
lleve a tratar de lograr ideales inalcanzables. La diferencia entre padecer o
no un trastorno conductual, está en la observación.
“Los
adultos a veces dejamos de ver a los chicos. Pero es la observación la única
forma en la que podemos notar actitudes, comportamientos, tendencias a algo
distinto. La diferencia siempre es observarlos, conocerlos para detectar las
sintomatologías. Así que hay que ser pacientes, y no desestimar ninguna señal”,
finalizó el Profesor Josman.

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